Cama para cuatro

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febrero 19, 2015 por cabelloruiz

ninNo se trata de una peli de Doris Day y Rock Hudson.

Ocurre que, anoche y anteanoche y la noche anterior, mi niña de tres años, mi niña de tres días, mi mujer y yo compartimos cama de 1,35 de ancho. Yo, claro, de perfil.

Más aún, cinco, si contamos al muñeco de la mayor, que no es un muñeco, que es el martillo de Thor, que tiene una cajita para las pilas que mi hija extrae y que anda siempre colgando y que cuando, dormida, voltea el juguete, nos arrea que no veas.

Si tener una niña da trabajo. Mare meua, dos.

Pensad en ese momento, a las cuatro de la madrugada, en el que la recién nacida llora porque tiene caca. No has dormido nada, porque antes ha pedido de mamar y tú, alma de cántaro, te has solidarizado con la madre y la has paseado en brazos por la casa en penumbra, creyendo que con eso bastaba, que no hacía ni media hora que había comido.

Pero no desvariemos: tu niña tiene caca. Y te levantas y vas a por el empapador y por la crema y el pañal limpio que has olvidado en la habitación de la mayor. Vas como un zombi y, si gastas férula para proteger los dientes, babeando. En silencio pillas los apeos y te dispones a cambiar al bebé que no deja de llorar, sobre todo cuando le mojas el culete con la esponja. Y entonces…, ¡ja!, oyes desde más allá: «Papi, papi, buaaa, buaaa». Ya tienes el lío. ¿Querías acabar pronto para volver a la piltra?

«Cariño, ¿puedes encargarte?»

Vuelves a la otra habitación, la mayor se ha puesto de pie sobre el colchón y cuando llegas y la abrazas dice: «Quero ir a la otra cama, quero ir con mami».

Te la llevas en brazos y la dejas en tu cama, sigue llorando porque ha soñado con un perro feo y te sientes privilegiado por ese concierto a dos voces que se monta en tu dormitorio. Imagínense los acordes de Mozart y el bua bua bua bua.

Limpia y mamando, una; dormitando junto a la madre, otra. Quedas tú, el único hombre de la casa, ahí, a un costado de la cama, preguntándote qué hacer. Con la boca estropajosa por la dichosa férula de descarga. Tu mujer, que también tiene férula, te dice, en esa forma de hablar gangosa de los aferulados: «Acuéstate, anda». Y tú, que te habría encantado ir al dormitorio de al lado, te recuestas y no cabes y te pones de lado y tu hija te da un martillazo.

Diez minutos después, cuando ya no notas el brazo que aplastas con el cuerpo, suena el despertador. Te levantas y observas al bebé durmiendo en la cama con la madre que lo rodea y a su hermana al otro lado. Te quitas la férula y te dices a ti mismo que la noche siguiente será diferente, que te acostarás antes y que no permitirás que tus hijas te roben el sueño.

Pero en un par de horas un compañero de trabajo te pedirá el favor del siglo y querrás volver a tu cama para cuatro.

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2 pensamientos en “Cama para cuatro

  1. Patricia dice:

    Jajajaja, me encanta!! Por que no sigues y escribes un libro? Yo te lo compraria 😉 Un abrazo desde Noruega y te diria que descanses pero como supongo que eso es poco probable, solo te deseo que tus reservas de cafeina en casa nunca se agoten jejejeje.

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