La penúltima cena

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mayo 13, 2014 por cabelloruiz

IMG_0717Bien, acabo de llegar de una cena de empresa. El post sobre la influencia de T. S. Eliot, lo siento, va a tener que esperar. Je, je. Es la una y cuarto de la noche y no estoy para macrolíricas, más aún cuando acabo de oír a mis jefes presumir de su conocimiento enológico con un ribera que dicen que solo se puede comprar en El Corte Inglés y que yo ya conocía y había adquirido en el Carrefour. Por supuesto he sido una tumba.

¿De qué hablar pues? De lo bobo que se siente uno en estos saraos. No sabes si hablar o callar, si criticar al departamento contrario o no. ¿Indecisión, inseguridad? ¿Por qué todo el mundo piensa que lo hace mejor que el resto, si la mayoría lo único que sabemos hacer es el gamba? Las comidas de empresa son lo más parecido a la hipocresía que conozco. Todos nos llevamos de puta madre y los que no están son siempre los peores. Joder, qué casualidad, los que no están. Siempre vienen los sobraos, los pelotas, los cansinos, los enteraos –a veces coinciden con los sobraos–… Yee, tío, una empresa es lo más parecido que conozco al Hombre y la Tierra: fauna de todos los colores. Y rapaces las hay por un tubo.

Temas de una comida de empresa: el departamento de enfrente y su incapacidad manifiesta; los jefes, sus taras y manías –si el jefe está presente, el tema no se toca–; tickets de comida y tiempo que tarda la empresa en pagarlos; multas y te jodes no corras tanto; macizas de la empresa –si hay tías presentes dependerá del grado de confianza, en todo caso, las macizas siempre serán ajenas al dispendio–; fútbol y dinero y presidentes y que la liga es cosa de dos o tres; política e hijos de puta y yo voto en blanco –coño, cuánta gente que vota en blanco, no entiendo que gane alguien–; la independencia de Cataluña –si se trata fuera de Cataluña y hay un catalán, mejor; si se trata en Cataluña y hay un madrileño, de puta madre–; vinos y gin-tonics y conozco un sitio y ponme un Tanqueray, que no tienes ni idea y yo me he criado en los mejores garitos; y por último, dónde tomamos la siguiente.

Qué curioso, estos mismos, que te dicen que te quedes cuando quieres irte a casa, son los que luego te la meten doblada. Qué manía con quererse tanto en las empresas, o mejor, con hacerte pensar que todo es amor. Y no es que rehúya la amistad en el trabajo, pero los amigos, del curro o no, nunca alcanzan ese baboseo. Que lo ves ahí, al de pedidos, mirándote no sabes si con cara de me lo como todo.

Estas reuniones, siempre dice alguien, vienen bien para confraternizar. Una polla como una olla. Unos, los jefes, quieren sonsacar y se aprovechan de su situación. Otros se chivan de los compañeros ausentes. Y otros se preocupan por mirar tu cuentakilómetros cuando suben en tu coche, no sea que no te muevas lo suficiente. Confraternizar y polisemia y Tanqueray son uno, vamos.

No hablemos de las ganas con las que salen algunos de pillar cacho. Ni vergüenza ni nada. Señores, el despendole. No sé por qué extraña regla de tres, si cenas con compañeros del curro hay que ligar. Feas o guapas, compañeras, no importa, ligar. Esto se agudiza si la cena es de Navidad. Si es Navidad el sol sale por Antequera y el mañana no existe.

Bueno, el tema da para mucho, pero me voy a la cama. Saludos.

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2 pensamientos en “La penúltima cena

  1. Gracia dice:

    ¿Ligar? Ya me contarás esto con más detalle… ejem

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