Ulysses

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febrero 4, 2014 por cabelloruiz

la fotoAnteayer me encontré con un amiguete que quiere ser escritor y que me ofreció –yo no quería– su último trabajo. Se trata de un relato que ha escrito según el recurso de las cajas chinas –una historia dentro de otra historia– y cuyo narrador omnisciente es un escritor estadounidense al que le parece que el Ulises de Joyce es una mierda auténtica –no puedo dejar de decir que lo de mierda le hubiera encantado a Joyce–. Bien, el hecho es que, una vez leída su historia, le pregunté a mi colega si había leído el Ulises y el tipo me dijo que no. Ya me pareció raro que el narrador fuese americano y utilizara en su lenguaje chascarrillos typical spanish, así que no me sorprendió que mi amigo excusara su no-lectura en que Joyce, junto con Proust, era lo más peñazo que había parido madre.

Pero vayamos al tema: hace casi dos años hice una crítica del Ulises, que reproduzco parcialmente. Es un poco larga y mejor la recorto y os dejo lo más gracioso/interesante.

Bueno, ya he terminado Ulises, de Joyce.
Mis conclusiones:
Joyce fue un escritor de puta madre. Dominaba todos los aspectos del arte. Para mí es un Dios en sugerir. No he visto nadie como él para decir cosas que insinúan otras, siendo esas otras la clave del relato. Ya me lo pareció en Dublineses y me lo confirma Ulises.
Tan grande fue que decidió hacer una novela como no se debe hacer. Partió del revés, por decirlo de algún modo. La mitad del Ulises, 450 páginas en versión Cátedra –la novela completa son 900 aprox.–, es horrible, malísima, pretenciosa, ininteligible, cansina y aburrida hasta decir basta. Pero luego tiene una parte, no sabría decir su extensión, genial, divertida y, sobre todo, originalísima.
La novela tiene 18 capítulos –creo que fue la crítica la que los estableció– que van creciendo en extensión: los 5 últimos ocupan la mitad de la novela. También en Dublineses los cuentos son más largos a medida que avanzamos hasta el último. Esto no deja de ser una tontería, a no ser que pensemos que adentrarse en un libro de Joyce es entrar en algo que cada vez pide más de ti, que te embrolla cada vez más, tal vez como el curso de una vida, y tanto que al final no sabes por dónde tirar.
De los 18 capítulos hay algunos que más valdría tirarlos a la basura.
(…)
Capítulo 4: Genial. Aquí empieza lo divertido, no te aburres. Las narración exhaustiva de los hechos, uno tras otro, tiene más ritmo, no dicen nada en sí, solo es un retazo de vida, pero es el Gran Hermano (televisivo) de un tipo normal en un lugar aburrido. Que el final es guarrete…, bueno, es graciosete; y anuncia, por otra parte lo que nos espera: se va a contar todo, absolutamente todo lo que haga o le ocurra a este hombre, hasta el último detalle, incluso cuando vaya al baño. Más, pues, que Gran Hermano. Mezcla narración con monólogos interiores también.
(…)
Capítulo 11: Uf, se le va la olla. Pretende nada menos que escribir de forma musical. Onomatopeyas, palabras en esquema para introducir el capítulo… escenas que hasta pasado un rato no sabes qué significan. Ruidos y ruidos todo el tiempo para terminar, claro, con el ruido por antonomasia: un pedo. ¿El capítulo le quedó un pedo? Bueno, tampoco es para tanto, una vez coges lo que está haciendo resulta gracioso. Pero claro, tienes la sensación de que cualquiera podría escribir así.
(…)
Capítulo 14: Rollazo total. El tipo pretende hacer una historia de la lengua y el texto comienza al estilo medieval para, poco a poco, según vas avanzando, ir modernizándose hasta escribir según se habla en la actualidad. El capítulo más difícil de leer.
(…)
Capítulo 18: Brillante, y a veces genial. Y otras, por la extensión, cansino. Aquí, por fin, habla Molly, la mujer del prota, de seguido, sin comas ni puntos, todo mezclado, como fluye el pensamiento (reconozco que ese es un estilo que me gusta y que practico, escribir como se piensa). Las últimas líneas son poesía pura.

Después de lo dicho, ¿cuántos capítulos se salvarían? Pues a mí me encantan el 4, 5, 8, 10, 13 y 18, es decir 6 capítulos. El resto, 12 capítulos, o son un rollo o no me dicen nada (a grandes rasgos).
Visto lo visto: ¿merece la pena leer el Ulises? Considero que sí. Por la genialidad que implican esos mínimos instantes en la jartura del volumen. De la misma forma que, en la vida, los instantes felices no son más que eso, instantes.
Esta es una novela hiperrealista hasta en su concepto de novela. Joyce quiere retratar la vida completa, la vida total, con el mínimo detalle, con su mínima felicidad y amplia amargura. Y el libro se concibe así. Joyce sabe de Filosofía, y conoce los tres tiempos que Grecia distingue: el tiempo que deviene continuamente (Chronos); el tiempo eterno, la eternidad (Aidion); y, por último, el tiempo del instante eterno (Aión) que representa el amor, el orgasmo, el goce instantáneo de la felicidad efímera que desaparece en un segundo. Joyce pretende una novela vida, lo engloba todo. Pero es que va más allá de lo que cuenta, y planifica la novela, la forma de contar esa vida, como una parte de la vida misma  y por ello inserta perlas en un coñazo supino. Las perlas que son ese Aión en el coñazo del Chronos.

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